Día de Navidad. 7:30 de la mañana (los niños no entienden que, después de acostarnos tarde, lo suyo es levantarse tarde). Aprovechando la ducha, veo ese «cacharrito» que está en el suelo del cuarto de baño al que nunca le he hecho mucho caso y que, no sé porqué razón, hay gente que tiende a evitar: el peso.
Pues, ¿porqué no?. Vamos a pesarnos. No creo que los últimos excesos (comidas y cenas de Navidad) hayan hecho estragos en mi esbelta figura.
Me pongo encima del peso y.... ¡¡¡73.4!!!. ¡No puede ser!. ¡Se habrá estropeado este cacharro!.
Pero, no, no se ha estropeado. Resulta que sí, estas comilonas navideñas han hecho estragos en mi esbelta figura. ¿Así que esa «curvita» que ha empezado a hacer mi barriga no son gases?. ¡Pero si todavía queda la comida de Navidad, la cena de Nochevieja, la comida de Año Nuevo, la merienda de Reyes, las celebraciones con los amigos...!.
Pues, ¿sabéis qué os digo?. No pienso cuidarme nada hasta que pasen las fiestas.
Yo nunca hago régimen. Prefiero decir que, durante una temporada, «me cuido». Cuando «me cuido» hago lo mismo que si estuviese a régimen (básicamente, comer poco) pero si cometo algún exceso no tengo el remordimiento de haberme saltado ningún régimen cuando alguna tentación llega hasta mi estómago.
Pues sí, a partir del día 7 empezaré a cuidarme. Tengo que intentar volver a mis 69 kilos. Siempre me ha gustado el 69 así que he decidido, hace tiempo, que ese es mi peso ideal.
Mientras tanto, ¡a seguir disfrutando de las Fiestas!.