Por Rafa Osuna, hace 2 meses y 27 días

El tinto de verano

Uno, que aunque no quiera, es animal de costumbres, cuando llegan los calores estivales abandona en gran medida el placer de la comida con copita de vino para pasarse al acompañamiento del tinto de verano. Al igual que abandono la leche caliente del desayuno por un vaso de leche con canela y limón (gran descubrimiento de hace unos veranos al que vuelvo inexorablemente todos los meses de Junio, más o menos).

Pero, ¿se trata de costumbres o de necesidad?. ¿Es imposible tomarse un vaso de leche caliente en verano o un tinto de verano en invierno porque la temperatura del ambiente nos condiciona?. ¿O nos adaptamos a comer o beber ciertas cosas porque «es lo que toca!» (como el turrón en Navidad o las torrijas en Semana Santa)?.

No lo tengo tan claro. Siempre, en cualquier momento, me apetece una cervecita fresca. Me da lo mismo que sea verano, invierno o la estación que sea (hay estaciones, como la de Atocha, en la que ponen una cervecita muy rica).

O, si no, otro ejemplo: en plenos calores veraniegos, este fin de semana, tras subir de la playa y la piscina, mis padres (a los que estaba haciendo una visita al mismo tiempo que les «colocaba» a los niños) me pusieron para comer unos judiones del Barco de Ávila con su chorizo y todo. Acompañados, no de un tinto de verano sino de un reserva de Rioja.

Evidentemente, mi primer pensamiento fue «esto estaría muy bien en invierno pero, ¿ahora?». Pues bien, fue cuestión de probar la primera cucharada para darme cuenta de que el hecho de no tomar ese tipo de platos en verano es una costumbre y nada más. ¡Qué bueno!. ¡Cómo lo disfruté!.

Y vosotros, ¿cambiáis mucho los hábitos alimenticios cuando llega el verano?. ¿Habéis tenido alguna experiencia similar?. A mí, por ejemplo, se me ocurre cuendo descubrí lo bien que sentaba tomarse un heladito en Moscú en plena temporada de fríos (lo hacía todo el mundo).

1 comentario

Gravatar #1. alegret
hace 2 meses y 25 días

Cuando llegué a Asturias, me alucinaba que la gente comiera fabada en verano. Ahora, me parece de lo mas normal y es que realmente -si lo piensas- tampoco es nada extraordinario.
Cuando uno trabaja 9 ó 10 horas seguidas en una obra, come lo que le echen, sea verano o invierno.
También es cierto que en el norte, los veranos son muy suaves.

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