El «fenómeno Cobra». ¿Debemos quitarle el voto a la gente?

La búsqueda del representante español en el festival de Eurovisión no deja de dar portadas desde que este representante se elige por votación popular.
Rodolfo Chiquilicuatre, Karmele Marchante o, últimamente, John Cobra han saltado a la palestra dejando claro que hay una cantidad muy grande de votantes que prefieren el «voto friki» antes que cualquier otro. No es un voto que busque la calidad en el representante de España en Eurovisión sino la posibilidad de reirse de algo tan retrógrado como es ese festival.
¿Es malo ese voto friki?. Es decir, si RTVE quiere que elija el público, ¿no debe respetarse el voto popular aunque éste encumbre a personajes como los citados?. Si la mayoría de la gente prefiere el cachondeo a la calidad musical, habrá que dar cachondeo. Eso sí, con un límite. No se puede dar publicidad a actos como el del otro día de John Cobra. Coincido plenamente con Sonia Blanco cuando dice que el culpable es el realizador de TVE que mantuvo el plano de ese impresentable para que todos pudiéramos «saborear» las groserías con las que nos regaló.
Ahora TVE está pensando qué es lo que hará el año que viene. ¿Mantendrá el voto popular?. ¿Volverá al criterio único de un jurado profesional?.
Mi postura es clara, y es la misma que le digo a las empresas que me indican que su posicionamiento en redes sociales le ha dado transparencia a las críticas de algunos clientes insatisfechos: No hay marcha atrás. Cada vez más tenemos que darle el poder a la gente (el poder político, el poder de decisión sobre los productos o servicios a desarrollar por una empresa, el poder de elegir al representante de España en Eurovisión...). Tenemos las herramientas para que se ejerza ese poder delegado. Lo único que hace falta es poner los filtros oportunos para no permitir el abuso de estas cesiones de poder.
Por supuesto que el uso de estos filtros disgustará a algunos (como se disgusta el troll al que le borro sus comentarios obscenos en mi blog). Además no son filtros sencillos (¿dónde ponemos, por ejemplo, el límite entre el frikismo y el mal gusto en casos como los de Chiquilicuatre, Marchante o Cobra?) pero son mucho mejores que la ausencia de la cesión de poder. Casos como la Wikipedia demuestran que estos filtros pueden gustar más o menos pero terminan siendo efectivos.
Todos los grandes progresos tienen sus peligros pero no por ello debemos dejar de seguir progresando. Las redes sociales, la tan manida web 2.0, nos dan la posibilidad de escuchar a las personas de manera individualizada. No perdamos esa oportunidad.









