Me han dedicado un calle en Madrid
Al lado de donde se celebraba ayer la patética fiesta del Día de Internet (en la que aguanté sólo 2 minutos), me encontré con que me han dedicado una calle.
Al lado de donde se celebraba ayer la patética fiesta del Día de Internet (en la que aguanté sólo 2 minutos), me encontré con que me han dedicado una calle.
Ya hace tiempo os hablé del salvajismo que supone tirar un animal desde un campanario y hacer una fiesta de ello. No lo entiendo. ¿Cómo se puede disfrutar haciendo sufrir a un animal hasta la muerte?.
Hoy mismo me he encontrado otro ejemplo. En el Tumblelog de Eduardo Arcos he visto un vídeo que me ha puesto los pelos de punta. Se ve como unos soldados norteamericanos muestran un cachorro de perro entre expresiones como «so cute, so cute» para, inmediatamente, tirarlo por un barranco entre risas.
Creo que el hecho de ser soldados y norteamericanos, en este caso es lo de menos. El salvajismo contra los pobres animales se puede dar, por igual, en un escenario bélico, en las fiestas comarcales de un pueblo de Jaen o en cualquier plaza de toros. El hecho es: ¿porqué somos tan cabrones y maltratamos de esa manera a los animales que nada nos han hecho?. ¿Porqué nos reímos, aplaudimos y nos regodeamos con estos hechos?. ¿Somos realmente la especie animal más evolucionada o la más degradada?.
No sé, hay veces que a uno le apetece devolver el carnet de humano.
Nota: No pongo aquí el vídeo en cuestión porque no me da la gana. Porque no quiero fomentar ese tipo de actos y su difusión. El morboso que esté interesado, puede verlo en el post de Eduardo Arcos que he enlazado más arriba.
Como ya sabéis, el principal motivo por el que tuve que dejar el podcast es que estoy metido en un nuevo proyecto. Iba a decir «proyecto secreto» pero la verdad es que, de una manera o de otra, ya lo conocen algunas personas (eso sí, no digáis nada todavía, please).
Entre el momento de la defunción del podcast y las fiestas navideñas me dediqué a trabajar yo solo en el proyecto con cierta tranquilidad. Pero ahora, una vez empezado el año, el proyecto a alcanzado un nuevo estatus, mucho más «movidito».
Llevo unos días en los que no paro de estar en contacto con gente. Muchos correos electrónicos. Me paso el día escribiendo y contestando. Por suerte, he conseguido una persona de confianza muy valiosa que me está echando una mano y que espero que en el futuro tenga un papel muy importante en todo esto.
Espero poder contaros más detalles en breve. Le prometo a este blog la exclusiva del lanzamiento.
Día de Navidad. 7:30 de la mañana (los niños no entienden que, después de acostarnos tarde, lo suyo es levantarse tarde). Aprovechando la ducha, veo ese «cacharrito» que está en el suelo del cuarto de baño al que nunca le he hecho mucho caso y que, no sé porqué razón, hay gente que tiende a evitar: el peso.
Pues, ¿porqué no?. Vamos a pesarnos. No creo que los últimos excesos (comidas y cenas de Navidad) hayan hecho estragos en mi esbelta figura.
Me pongo encima del peso y.... ¡¡¡73.4!!!. ¡No puede ser!. ¡Se habrá estropeado este cacharro!.
Pero, no, no se ha estropeado. Resulta que sí, estas comilonas navideñas han hecho estragos en mi esbelta figura. ¿Así que esa «curvita» que ha empezado a hacer mi barriga no son gases?. ¡Pero si todavía queda la comida de Navidad, la cena de Nochevieja, la comida de Año Nuevo, la merienda de Reyes, las celebraciones con los amigos...!.
Pues, ¿sabéis qué os digo?. No pienso cuidarme nada hasta que pasen las fiestas.
Yo nunca hago régimen. Prefiero decir que, durante una temporada, «me cuido». Cuando «me cuido» hago lo mismo que si estuviese a régimen (básicamente, comer poco) pero si cometo algún exceso no tengo el remordimiento de haberme saltado ningún régimen cuando alguna tentación llega hasta mi estómago.
Pues sí, a partir del día 7 empezaré a cuidarme. Tengo que intentar volver a mis 69 kilos. Siempre me ha gustado el 69 así que he decidido, hace tiempo, que ese es mi peso ideal.
Mientras tanto, ¡a seguir disfrutando de las Fiestas!.
Felices Fiestas para todos. Aquí tenéis un villancico de la factoría Osuna.
Leo en el diario 20 minutos: "2.000 euros de multa por lanzar la pava desde el campanario en Cazalilla".
Resulta que en este pueblo de Jaén tienen una fiesta llamada "Fiesta de la Pava" donde la gran diversión, el jolgorio sin fin, es debido a que se suben a un campanario y tiran una pava. Mi primera pregunta, aunque no es el principal tema que quiero tratar, es: ¿porqué una pava y no un pavo?. ¿Hasta estos extremos llega la discriminación sexual?.
Pero, lo de lo que quería escribir, lo que me tiene verdaderamente cabreado, es que en pleno siglo XXI todavía haya muchas fiestas en España que se sirven del sufrimiento de los animales para que una panda de vándalos borrachos se lo pasen bien, muchas veces, con el consentimiento de las entidades locales.
Aquí es muy normal colgarle teas ardiendo a las astas de un toro, tirar una cabra desde un campanario, una pava o lo que se tercie. Y, no, esta vez no hablaré de la "Fiesta Nacional". Ya lo hecho alguna vez en el blog y en el podcast.
¡Pero bueno!. ¿Es que no hemos evolucionado nada desde la época de las cavernas?.
Sinceramente, 2000 euros de multa me parece poco, muy poco. Que le tiren a él desde el campanario.
En esta ocasión, tenemos el cabreo de Baci, solista del grupo Ozono3 (que os recomiendo a todos). Bazi está muy cabreado con esos politicuchos que le dan la espalda a los pequeños grupos locales de rock.
Una exclusiva del reportero de LasCosasCuriosas.com.