Lo reconozco: voy al EBE, principalmente, por el networking, palabra que queda muy bien para definir el hecho de ir a tomar copas y tapear por Sevilla con gente con la que no coincides en el resto del año.
Este será mi tercer EBE. El primer año asistí prácticamente a todas las ponencias. El año pasado me pasé por la mitad de ellas, aproximadamente. Este año, sinceramente, no sé si podré pasarme por más de 2 ó 3 ponencias (además de la entrega de premios Bitacoras.com). Y no se trata de que las ponencias no sean interesantes, no se trata de que los ponentes no sean de primer nivel. Es que hay mucha ganas de charlar. Muchas granas de charlar de blogs, de podcasting, de negocios... Muchas ganas de poder tratar todo tipo de temas en una conversación real, con gente con la que no tienes ese tipo de conversación normalmente.
Sí, ya sé que los blogs, los podcasts, las redes sociales, nos permiten estar en una conversación constante. Pero, ¿decidme si no opináis lo mismo?, el contacto directo hace que estas conversaciones se desarrollen de una manera mucho más fluida.
Leyendo esto, más de uno podrá pensar que las redes sociales y todo lo que las rodean han fallado en su intento de modernizar las relaciones entre personas. Que siempre será mejor una relación personal (desvirtualizadora) que una relación a través de la web. Y que actos como el EBE respaldan esta teoría. Por mucho que nos relacionemos por internet, estamos deseando vernos en persona, como toda la vida.
Y, yo, sin embargo, no puedo estar más en desacuerdo. Podría (y puedo) corroborar que una relación con una cerveza de por medio es más placentera que una relación con un monitor de por medio. Pero es que estas redes sociales no nacen para sustituir a las maneras tradicionales de relacionarnos. Estas redes están aquí para complementar y enriquecer a lo que ya existía. Y en ese sentido, lo consiguen perfectamente.
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